Sólo hay suaves velos de nubessobre un azul profundo y eterno.
Las copas de los árboles
gozan de una sinfonía
que atrae a la brisa fresca
y juntos se mecen a un compás
indefinido y placentero.
Un pájaro distante planea
sobre la inmensidad nubada
acariciando en línea recta al cielo,
y como atrayendo
a las nubes a su vuelo,
desaparece.
Mi casa se viste de suspiros
en este rincón donde yo estoy,
con el corazón suspendido en lo eterno.
Recibo desde mi ventana
el abrazo fresco de este falso verano
de flores marchitas,
que revelan los sentimientos más puros
escondidos en algún rincón olvidado
de mi pequeña infancia dormida.
Bom-bom, el cielo palpita
y desata esas nubes
como un torrente sanguíneo.
Bom-bom palpita en mis venas
y me eleva para prenderme en él.
Espero desde ahí al ave
para emprender viaje
en ese vuelo resuelto.
Luego, como despertando de un sueño,
escucho la caída de hojas secas
que me traen de vuelta al ritmo
de un corazón apretado.
Reparo en el engaño
a medida que mis pensamientos
se van posando de vuelta a mis sienes
que por un momento,
emprendieron viaje
por este falso verano.